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El matrimonio igualitario es legal en unos 39 países. Repasamos su historia, desde la ley española de 2005 hasta el mapa actual en el mundo hispanohablante.
El matrimonio igualitario figura entre las conquistas más visibles del movimiento LGBTQ+, y también entre las más recientes: el primer país lo reconoció apenas en 2001. Desde entonces el mapa ha cambiado deprisa, aunque de forma muy desigual según la región. Esto es lo que conviene saber sobre su historia y su situación hoy.
España, pionera en 2005
El 3 de julio de 2005 entró en vigor la Ley 13/2005, que modificó el Código Civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. España se convirtió así en el tercer país del mundo en hacerlo, después de Países Bajos (2001) y Bélgica (2003).
La reforma fue breve en su redacción pero enorme en sus efectos. Cambió una sola frase del Código Civil para dejar claro que el matrimonio tendría los mismos requisitos y efectos con independencia del sexo de los contrayentes.
- Fue impulsada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
- Reconoció también el derecho a la adopción conjunta.
- Un grupo de diputados del Partido Popular la recurrió ante el Tribunal Constitucional, que la avaló siete años después en la Sentencia 198/2012, de 6 de noviembre.
Aquella sentencia cerró el debate jurídico de fondo: el tribunal concluyó que la unión entre dos personas del mismo sexo también es, a todos los efectos, matrimonio. Para entender cómo se llegó hasta ese punto, ayuda repasar la historia del movimiento LGBTQ+ en España y las décadas de activismo que la precedieron.
El panorama en el mundo hispanohablante
Latinoamérica vivió su propia ola, abierta por Argentina, que en 2010 fue el primer país de la región en aprobar el matrimonio igualitario a escala nacional. A partir de ahí, el calendario se fue llenando.
Matrimonio legal en todo el país
- Argentina: 2010 — primera en Latinoamérica.
- Uruguay: 2013.
- Brasil: 2013.
- Colombia: 2016.
- Ecuador: 2019.
- Costa Rica: 2020.
- Chile: 2022.
- México: legal en los 32 estados desde 2022.
- Cuba: 2022.
Reconocimiento parcial o nulo
El mapa no es homogéneo. En buena parte de Centroamérica, además de Paraguay, Perú y Venezuela, no existe reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo, y en algunos casos tampoco de uniones civiles. Si vas a viajar por la región, conviene revisar la situación concreta de cada país en esta guía sobre los derechos LGBTQ+ en Latinoamérica, país por país.
Una cifra que sigue creciendo
A mediados de 2025, alrededor de 39 países reconocen el matrimonio igualitario a nivel nacional. El número exacto baila según la fuente, porque algunas reformas entran en vigor de forma escalonada o conviven con jurisdicciones internas con reglas propias.
Asia fue la gran novedad reciente. Tailandia aprobó el matrimonio igualitario con efecto en enero de 2025 y se convirtió en el primer país del sudeste asiático en hacerlo, sumando otra región al mapa. Ese mismo año entró en vigor también la ley de Liechtenstein en Europa.
Visto en conjunto, el avance es real pero lento: la inmensa mayoría de la población mundial vive todavía en países sin esta igualdad, y unos cuantos castigan penalmente las relaciones entre personas del mismo sexo.
Por qué el papel importa
Casarse no es solo un gesto simbólico. El reconocimiento legal aporta derechos muy concretos en el día a día.
- Herencia y pensión de viudedad.
- Decisiones médicas en nombre de la pareja.
- Adopción conjunta y filiación de los hijos.
- Permisos de residencia para parejas binacionales.
Sin esa cobertura, una pareja que lleva décadas junta puede quedar legalmente como dos desconocidos en el peor momento. Por eso la fecha en que cada país aprobó la ley marca tantas biografías.
Más allá del matrimonio
La igualdad no termina en el registro civil. Muchos países con matrimonio igualitario siguen arrastrando problemas serios que ninguna boda resuelve por sí sola.
- Discriminación laboral.
- Violencia contra personas LGBTQ+.
- Falta de educación inclusiva.
- Barreras específicas para las personas trans, a menudo las últimas en ver reconocidos sus derechos.
Cada matrimonio igualitario celebrado es también un acto político, una afirmación pública de que esas vidas cuentan. La igualdad real, sin embargo, se mide en cosas menos vistosas: poder ir de la mano por la calle sin miedo, encontrar un médico que no juzgue, sentirse seguro en el propio barrio. El calendario del Orgullo en todo el mundo y el tejido de asociaciones y grupos LGBTQ+ de tu ciudad forman parte de esa pelea cotidiana, la que sigue cuando se apagan las cámaras del día de la firma.