Un brote de hepatitis A entre hombres gais en 2016 dejó claro cuántas personas de la comunidad tenían la vacunación pendiente. Qué recomiendan las autoridades sanitarias, cómo funciona la pauta y dónde empezar.
Un brote que dejó a la vista las lagunas de vacunación
Desde mediados de 2016, varios países europeos registraron un brote de hepatitis A entre hombres que tienen sexo con hombres. Solo en Berlín, el instituto de salud pública alemán contabilizó más de 80 casos entre finales de 2016 y mediados de 2017, más del 95 por ciento en hombres mayores de 20 años, con una edad media de 32. En toda Europa, el ECDC notificó unas 1.500 infecciones en 16 países, con cifras especialmente altas en Reino Unido, Italia, España, Alemania y Países Bajos. Al investigar los casos, las autoridades alemanas comprobaron que la recomendación de vacunación, vigente desde años antes, apenas había llegado a la población a la que iba dirigida.
La hepatitis A se transmite por vía fecal-oral, es decir, por restos mínimos de heces que llegan a la boca. En el sexo, el riesgo aumenta sobre todo con prácticas oral-anales. El preservativo protege poco en este caso, porque la transmisión no ocurre principalmente por semen o sangre, sino por contacto directo con piel y mucosas. Por eso la hepatitis A es difícil de prevenir solo con las pautas habituales de sexo más seguro: la vacuna es aquí la protección más eficaz.
Qué recomiendan las autoridades sanitarias
En España, el Ministerio de Sanidad incluye a los hombres que tienen sexo con hombres entre los grupos de riesgo para hepatitis A desde 2017, un año después del inicio del brote europeo. La vacunación puede hacerse con una vacuna monovalente contra la hepatitis A o con una combinada contra hepatitis A y B, normalmente en pauta 0-1-6 meses (una primera dosis, otra al mes y una tercera a los seis meses). Según la respuesta al brote documentada por las autoridades alemanas, una sola dosis ya ofrece una protección sólida a las dos o cuatro semanas, mientras que la segunda dosis, entre seis y dieciocho meses después, asegura la inmunidad a largo plazo.
La hepatitis B se transmite por vía sexual, entre otras formas por relaciones sin protección, y el Ministerio de Sanidad español también identifica a los hombres que tienen sexo con hombres como grupo con riesgo de exposición. Las personas adultas sin vacunación previa reciben tres dosis con la misma pauta 0-1-6 meses. Desde 2022 existe además una opción de dos dosis para personas adultas (Heplisav-B), separadas por al menos un mes. Comprobar el nivel de anticuerpos entre cuatro y ocho semanas después de la última dosis confirma que la vacuna ha funcionado; una vez confirmada la protección, la mayoría de las personas adultas sanas no necesita dosis de recuerdo rutinarias.
Dos virus, dos evoluciones distintas
La hepatitis A y la B se mencionan tan juntas que es fácil olvidar lo diferentes que son. La mayoría de las personas con hepatitis A se recuperan por completo en pocas semanas y quedan con inmunidad de por vida, aunque la enfermedad puede causar náuseas, ictericia y semanas de cansancio, y afecta con más fuerza a quienes ya tienen alguna enfermedad hepática. La hepatitis A no tiene forma crónica. Con la hepatitis B ocurre algo distinto: en una parte de las personas infectadas, sobre todo si la infección ocurre en la infancia, se vuelve crónica. Ese riesgo es menor en la edad adulta, pero no desaparece. Sin tratamiento, una hepatitis B crónica puede derivar con los años en cirrosis o cáncer de hígado. Esa diferencia explica por qué ambas vacunas se recomiendan de forma independiente, aunque una vacuna combinada permita cubrir las dos a la vez.
Dónde vacunarse
Los centros de atención primaria, las clínicas de salud sexual y muchos centros comunitarios ofrecen la vacunación contra la hepatitis, a menudo en la misma cita que un control de PrEP o una revisión de infecciones de transmisión sexual. Quien no conozca su estado de vacunación puede hacerse antes una prueba de anticuerpos, aunque no es un requisito para vacunarse. Las personas con VIH también pueden recibir ambas vacunas con seguridad. Quien haya tenido contacto reciente con una persona infectada debería vacunarse dentro de las dos semanas siguientes, porque en ese plazo la vacuna todavía puede evitar la infección.
La cobertura varía según el país y el sistema sanitario, así que conviene confirmar con el centro de salud si la vacuna está incluida antes de pedir cita. En España, al tratarse de un grupo de riesgo reconocido por el Ministerio de Sanidad, la vacunación se ofrece dentro del sistema público de salud; en otros países de habla hispana, el acceso depende del programa nacional de vacunación de cada uno.
Por qué el tema sigue vigente
El gran brote de 2016 y 2017 quedó atrás, pero el problema de fondo (lagunas de vacunación en un grupo con una recomendación clara) no se resolvió solo con el paso del tiempo. Como la hepatitis A y B se han vuelto poco frecuentes en general, es fácil que tanto pacientes como profesionales sanitarios pasen por alto una vacunación indicada para grupos de riesgo específicos si nadie la menciona de forma activa. Quien no conozca su estado de vacunación puede aprovechar la próxima revisión médica, la próxima cita de PrEP o incluso la preparación de un viaje a una zona con más hepatitis A para resolverlo.
Preguntas frecuentes
Última revisión: 21. agosto 2026