La escena queer de Curaçao se concentra en Willemstad, sobre todo en los distritos de Punda y Pietermaai, donde en los últimos años se han consolidado varios bares gay-friendly que ofrecen cócteles tropicales, música en vivo y shows de drag ocasionales, y que por la noche reúnen a locales, expatriados y viajeros. Durante el día, las cafeterías con vista al mar son puntos de encuentro tranquilos para tomar un café y charlar.
En Otrabanda abrió la Casa Rosada, o "Pink House", considerada el primer centro gay del Caribe, impulsado por la organización FOKO (Fundashon Orguyo Kòrsou). Durante años fue un punto de referencia para asesoría y contactos comunitarios; no fue posible confirmar si sigue operando de la misma forma, por lo que conviene informarse in situ antes de planear una visita.
Hoteles como el Avila Beach Hotel cuentan con zonas de bienestar —sauna y jacuzzi— que también frecuenta la comunidad queer. Los bares en azotea de Willemstad ofrecen vistas a la bahía y se convierten al atardecer en puntos de encuentro informales. La Fundación Curaçao Pride organiza happy hours y encuentros comunitarios durante todo el año, no solo en temporada de Orgullo.
Gracias a su mentalidad neerlandesa de "vivir y dejar vivir" y a la mezcla de más de 60 nacionalidades, la isla figura entre los destinos más gay-friendly del Caribe. Eso sí, no hay pruebas de una cultura de cruising establecida en las playas: sitios conocidos como Jan Thiel son ante todo destinos familiares y de deportes acuáticos. Quien busque la escena queer la encontrará más fácilmente en los bares y lounges de Punda y Pietermaai que en la arena.